Llegada a Honduras
Bueno, ¡pues ya estoy por aquí! El viaje ha sido duro pero al menos no he tenido problemas con las maletas como los compañeros de Nicaragua.
Durante mi estancia en San Pedro Sula estaré alojado en una comunidad a las afueras de la ciudad, en casa de Silvia y Oscar, 2 misioneros españoles majísimos, de unos 30 años, que llevan 7 en honduras.
La comunidad a la que me refiero es un barrio sin asfaltar, con las carreteras de tierra prensada, llenas de baches y charcos causados por las recientes lluvias. Las casas son bajas y sencillas y en todas ellas hay alambre de espino en lo alto de la verja y un perro tras la misma.
Mis anfitriones me explican que con el golpe de estado, Honduras, se ha convertido en el país más peligroso del mundo, donde la violencia y la delincuencia están al orden del día… Y no hace falta que se vayan muy lejos para darme ejemplos para demostrarme esto… En el techo de la cocina uno de los apliques es de diferente color ya que los ladrones agujerearon el techo para entrar por ahí la semana pasada. “Esta es la segunda vez que nos entran en casa” - me explica Oscar – “en este barrio han entrado en todas las casas por lo menos 2 o 3 veces”. También Silvia me comenta que hace apenas 4 días la asaltaron en la calle a punta de pistola (en pleno centro de la ciudad), me aconsejan que no lleve nada de valor o a lo que le tenga aprecio encima y que si me asaltan de todo lo que lleve sin discusión.
La noche de mi llegada, tras darme una vuelta por el centro de la ciudad, Silvia me lleva a casa de la vecina de enfrente a presentarme, pero no esta. En su lugar a la llamada sale Carla, una chica de unos 16 años muy alegre. Tras las presentaciones y un poco de charla informal nos comenta seria que hace unos días han baleado (disparado) a su primo y que ahora esta muerto…
Cuando nos despedimos, Silvia, me cuenta que hace un par de semanas unos asaltantes intentaron entrar en casa de Carla cuando ella y su hermana pequeña se encontraban en ella. Por ello el padre de Carla la ha enseñado a disparar con su revolver “pequeño”. “Aquí los tiroteos son algo común” – me comenta Silvia – “no te asustes por las noches si escuchas disparos, ya que al vigilante del barrio a veces le da por pegar tiros al aire para ahuyentar a los posibles asaltantes”.
Bueno de momento las noches están siendo tranquilas y creo que me estoy adaptando bastante bien. Iré escribiendo de vez en cuando, pero esto no pretende ser un diario de viaje ni mucho menos, además se me da bastante mal escribir jaja.
Un saludo!
Virgilio García García desde Honduras

